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Noticias y Opiniones

Maduro, Venezuela y Latinoamérica

¿Por qué gran parte de los gobiernos socialistas latinoamericanos ha tejido una alianza con los capitales nacionales e internacionales para promover el desarrollo, mientras Venezuela se hunde en el caos? Y no se trata en estos tiempos de compararla con países de alto desarrollo, sino con sus colegas. El que llegó a ser en democracia el país más moderno de la región, cuyas autopistas y edificios admiraban y asombraban a brasileros, mexicanos, chilenos, colombianos que venían a refugiarse en un país libre de la persecución de sangrientas dictaduras. El que tenía la moneda más dura y la clase media más poderosa, que la seudocrítica cultural izquierdistoide ridiculizaba como los tabarato (pocos de esos semi intelectuales de época evitaron la chanza al respecto) hoy es un kharma, porque el gobierno que ha recibido ingresos en volúmenes extravagantes y cuya sociedad debiera ser una especie de Kuwait, es reino de escasez, crimen y de represión, y eso perjudica la dinámica de crecimiento e inversiones de la región.

Lejos del tabaratismo hoy los venezolanos están prisioneros porque el régimen le debe a las líneas aéreas internacionales más del equivalente del primer crédito puente que recibió Venezuela del FMI en 1989. El delirio tercermundista y antimperialista contra el que alertaba Carlos Rangel, cedió el paso a una estrecha alianza con el capital internacional, que encabezan precisamente los países de swing más izquierdista. Nicaragua, socio preferencial del FMI, Bolivia y Ecuador, por no hablar de Chile, México, Brasil, Panamá, Perú y Uruguay, entre otros. La única verdadera desgracia continental, aparte de Cuba y Haití, la vergüenza regional, es Venezuela y lo viene siendo desde que la sombra del pensamiento anacrónico enloqueció al país en los años 90 y descarriló el proceso de reformas. Asistimos a un cambio planetario, a cuya vanguardia está el antiguo Tercer Mundo y dentro de éste, Latinoamérica que derrotó el populismo y asumió los cambios aperturistas. Hasta los 90, los países emergentes crecían cerca de 30% más que los avanzados, pero desde el 2000 crecieron, y crecerán al parecer 300% más que aquellos.

Cae la pobreza

Latinoamérica es segundo tenedor externo de activos en dólares, después de China. Las finanzas están sólidas, la deuda pública entre 2000 y 2012 se redujo a 13% del PIB y las reservas internacionales pasan de 800 mil millones de dólares. Pero en Venezuela la deuda conocida se ha quintuplicado. Varios países de la región están entre los más dinámicos del mundo en la última década, con crecimiento alto, estabilidad macroeconómica y bajas tasas de inflación, lo que recupera la calidad de vida y niveles de ingresos de hace cuatro décadas. Venezuela se derrumba. Asia y Latinoamérica adquieren importancia de primer orden en la toma de decisiones mundiales, un gigantesco cambio socio político, un desafío para el Banco Mundial, la OIT, el Fondo Monetario, Naciones Unidas. Venezuela no produce ni para comer.

Entre los 90 y 2000 la pobreza disminuyó gracias al control de la inflación, el equilibrio del gasto público, la estabilidad cambiaria, las reformas institucionales y los incentivos a la inversión privada. Venezuela, país enfermo, tiene la primera o segunda inflación del mundo y asfixia malévolamente la inversión de capital. La doctrina oficial es que hay que ser pobres para “construir el socialismo”. De 2000 en adelante, la caída de la pobreza latinoamericana es consistente y el crecimiento económico el doble del período anterior. Se crearon empleos, se incrementaron los gastos sociales y los salarios mínimos. Beneficios logrados porque gran parte del continente mantuvo continuidad en las políticas de apertura. Veinte años de conciencia en torno al imperativo del equilibrio macroeconómico, hicieron crecer la riqueza y el empleo en términos absolutos. En Venezuela todo el mundo es pobre, hasta los ricos, menos una pequeñísima minoría y los altos funcionarios del gobierno. En Venezuela reina el caos fiscal y el desempleo, se destruye la educación y el trabajo.

Inversión estatal de nuevo tipo

Frente a la crisis de 2008-2009, gracias al ahorro anterior,  casi todos los países aumentaron los gastos sociales y otros redujeron solo los no sociales. En Venezuela a diferencia de otros latinoamericanos, los programas de asistencia son limosnas, no inversiones para enseñar a salir de la pobreza. La fortaleza relativa de la región y la caída de demanda que se espera en mercados internacionales, pueden promover sinergias, integración económica regional y mayor competitividad como conjunto. Latinoamérica está obligada a ser cada vez más eficiente para seguir penetrando los mercados, fortalecer el comercio exterior, y el subregional, que tienen grandes potencialidades de crecimiento, y traer divisas por exportaciones. El crecimiento del PIB no será tan rápido como en años anteriores pero sí mayor que las economías desarrolladas. Los impedimentos disminuyeron sustantivamente y hay condiciones para un salto cualitativo en los próximos años. Venezuela destruye la Comunidad Andina, hasta la OEA, es la prostituta de Mercosur y el dolor de cabeza de Unasur.

Una masa de capitales nacionales y extranjeros en servicios, innovación y educación acrecentará la aptitud de los jóvenes para hacerlos altamente calificados. Inversiones transparentes en infraestructura, que apalanquen la salida de la miseria de los afectados por ella, y a los sectores medios bajos, aquellos que ganan  50% hacia infra del promedio de ingresos (los sectores medios altos perciben de 25% hacia arriba del promedio)  Los países latinoamericanos están mejor protegidos que nunca. La deuda pública es reducida, “confortable”, inmensamente menor que los desarrollados. En Venezuela está hipotecado el petróleo por décadas. Hoy la mayoría de las monedas regionales son mucho más creíbles gracias a la moderación de la deuda externa, pero en Venezuela y Argentina se devalúan a toda velocidad.

La tarea cumplida entre los 80 y 2014 rinde frutos. Con persistencia ha caído la pobreza, y aunque lentamente, por primera vez en los últimos cuarenta años, también la desigualdad (que sigue siendo grande) El desempleo se bate en retirada, sobre todo en Suramérica, distinto del Caribe y Centroamérica, no ante empleos de la mejor calidad aunque el volumen es auspicioso. En Venezuela el gobierno corrompe burdamente las cifras de ocupación. Los desequilibrios sociales acumulados deben revertirse para compatibilizar crecimiento, creación de capital social e infraestructura. Un desarrollo integral con políticas económicas modernas, macro economías sostenibles, y libre de gastos fiscales de mala calidad, como en Venezuela, país enfermo, donde son para despilfarro y corrupción. El gobierno debe rectificar. Si no lo hace, dejará a las siguientes generaciones una terrible huella de miseria o tal vez un país fallido.

www.dossier33.com