MARIELA MOOTZ
MARIELA MOOTZ
Franquicia Personal
R.I.F: V-04751022-4

Teléfono:
(414) 629-0057
Twitter Facebook google Skype
MARIELA MOOTZ Rent-A-House
MARIELA MOOTZ Rent-A-House
MARIELA MOOTZ Rent-A-House
MARIELA MOOTZ Rent-A-House
MARIELA MOOTZ Rent-A-House
MARIELA MOOTZ Rent-A-House
MARIELA MOOTZ Rent-A-House
MARIELA MOOTZ Rent-A-House
MARIELA MOOTZ Rent-A-House
MARIELA MOOTZ Rent-A-House

¿Desea Contactarme?

(*) Campo Obligatorio
*Nombre Completo:

*Teléfono:

*Correo Electrónico:

  Observaciones:

Indique El Código ANTISPAM

Codigo  

Noticias y Opiniones

Indignación acompaña las colas



Para llegar al trabajo, dos horas. Para montarse en el ascensor, 15 minutos en cola. Para comprar en el mercado, hasta cuatro horas en fila. Para sacarse el pasaporte, tres horas de cola, y para solicitar un certificado de antecedentes penales, "¡Copia de la cédula y madrugue!", vocifera el funcionario que atiende las consultas.

Las colas causadas por la crítica situación económica nacional y el colapso de las instituciones prestadoras de servicios quitan a las personas tiempo y dinero. Tiempo de calidad de vida, y dinero robado de su productividad. Lo que mayormente aportan es un conjunto de molestias e indignación que el citadino acumula con los días.

En el Registro Principal de Caracas las colas para diferentes fines se enredan de forma tal que casi no se puede diferenciar cuál es para comprar timbres, para introducir documentos o para pagar en la taquilla del banco. Quien desea salir con éxito de su diligencia debe llegar a las 5:00 am como mínimo para ser atendido a partir de las 8:00 am.

A las 7:00 am. un funcionario sale a recoger las cédulas de las personas, las retiene -aunque esto esté prohibido- y una vez adentro los llaman por ese mismo orden. "No podemos evitar que las personas lleguen tan temprano", se excusa una funcionaria del registro cuando se le pregunta por el motivo del madrugonazo colectivo.

Los usuarios critican que solo se les permita introducir un documento por día. "Mi hijo y yo nos quedamos en un hotel al frente y venimos varios días seguidos para introducir todos los documentos que necesitamos", explica una señora de Mérida que debe solicitar varios expedientes para el trámite de una nacionalidad extranjera. Paga Bs 600 por noche para amanecer cerca.

En la sede de San Bernardino del Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (Saime) las personas que vienen del interior del país también deben pagar una noche en la ciudad. Un día deben pedir la cita, y al próximo acudir temprano a sacar el pasaporte. Una familia proveniente de Táchira asegura que la servicio no se presta en ese estado. Lo mismo un joven de Barquisimeto. "Es algo que deberíamos poder hacer en casa".

En cola por la supervivencia


En el abasto Bicentenario de San Bernardino la cola de la tercera edad no es rápida como se esperaría. Los mayores pasan dos horas a la intemperie, de pie, para comprar los productos regulados que vende el local. "Es la primera y última vez que hago esto. Me metí en la cola porque vi el precio de la carne en un supermercado privado y me pareció excesivo,", relata el señor Ramón Ojeda.

Sin embargo hay quienes se conforman, como la señora Carmen Lugo, quien asegura hacer la cola "con gusto" porque no se quiere molestar por nada. "Hay que acostumbrarse", recomienda, aunque acepta que como es pensionada tiene tiempo que perder.

La cola es estricta, dirigida por militares de la Guardia Nacional Bolivariana, quienes dan paso a la gente al establecimiento. El pasado miércoles pretendieron negar al equipo de El Universal el derecho de entrevistar a los ciudadanos que allí esperaban. Nadie criticó la situación por miedo a perder el puesto guardado con recelo por horas.

Para amainar el desespero surgieron quienes alquilan sillas. Bs 10 pagó Yadira López por sentarse mientras durase su espera. Estaba escapada del trabajo. "Pedí permiso para pagar la luz y me metí en la cola".

Otro señor, quien se reservó su nombre, asegura que si pasaba allí una hora más lo regañarían en su trabajo. "No tengo azúcar, no tengo pollo. Si me dicen algo, me tendrán que botarán, pero tengo que llevar comida a la casa", dijo.

Para evitar esos problemas Milagros Luna dedica sus días libres a la compra. Trabaja de azafata en un hotel de lujo de la ciudad y cuando está libre, en vez de descansar, se mete en la cola del Bicentenario. "Tengo que mandarle comida a mi hermana de Maturín porque allá si es verdad que no se consigue nada", lamenta.

Gotas que derraman el vaso

Colas pequeñas sirven a veces de motivos de explosión. Para pagar algún servicio, solicitar una cita médica o montarse en un ascensor. "Lo que uno siente es una rabia en cadena, una tras otra, porque perdemos el tiempo. Tiempo de vida, que si uno no trabaja debería usar para descansar o hacer ejercicio", reclamó José Henríquez en una cola para montarse en el ascensor del Centro Profesional Caracas. Henríquez se mostró indignado porque la semana pasada había muerto un familiar y tuvo que esperar dos días para enterrarlo. "¡Hasta para morirse hay que hacer cola!"

En la espera para el ascensor surgieron otras quejas. "¡Y eso que esto es una clínica privada! A mi me tuvieron que hospitalizar aquí hace poco y esperé dos días entre la consulta del médico y mi casa para que me ingresaran", reclamó Margarita Mejías.

Una cola más, por corta que sea, les causa molestia. "Yo cuando veo una cola en el supermercado, la evito. Compro lo que haya. Pero por las escaleras no puedo subir al piso 11", reclamó Amarilis Monoac, de la tercera edad. Monoac criticó la restricción de libertades cuando funcionarios del centro de salud prohibieron al equipo de El Universal seguir realizando su labor. "¿Aquí también se van a poner con este amedrentamiento?", criticó.

La administración del hospital indicó que se debía pedir un permiso, y aclaró que a pesar de que los ascensores funcionan perfectamente, las colas para usarlos se deben a un incremento en el volumen de pacientes que atiende la clínica. "Cada vez se aceptan más seguros por el colapso del sector público", indica una empleada.

Las colas no solo irritan a quienes las hacen. La censura impuesta por las instituciones donde estas se generan demuestra una solicitud de conformidad, de negación a la crítica y de silencio ante la exigencia de mejor calidad de vida.

http://www.eluniversal.com/